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¿Es tu cabeza solo una percha para la gorra? – Parte 1

Recuerdo en la escuela, cuando no prestábamos atención en clase o no podíamos contestar una pregunta, que en realidad era fácil; nuestro maestro en un arranque de enfado controlado nos soltaba la expresión mencionada arriba, “usen la cabeza para algo más que una percha para la gorra”.

Lo que en realidad quería decir era que usáramos la cabeza para pensar o captar el concepto que él estaba tratando de enseñarnos, que dejáramos de andar por las nubes y nos concentráramos en lo que él estaba diciendo. Algunos, al notar su fastidio, regresábamos al planeta tierra y prestábamos un poquito más de atención pero otros, nunca se bajaron de la nave espacial en la que andaban. Lo triste es que, hasta el día de hoy, muchos todavía van por la vida y nunca realmente se han bajado de ese ovni con el que andan flotando sin rumbo en el espacio de la vida. Nunca han desarrollado la habilidad de pensar por su propia cuenta para tomar decisiones apropiadas o, por lo menos adecuadamente sopesadas, o para poder resolver problemas examinándolos de manera inquisitiva y efectiva.

 

Si vemos los asuntos desde otra perspectiva ¿para qué necesitamos estar pensando todo el tiempo? ¿Por qué debería importarte siquiera desarrollar tu habilidad de pensar? Miles, no, cientos de miles, no, no, millones de personas van por la vida sin nunca detenerse y pensar seriamente y, sin embargo, viven tranquilamente, algunos hasta son felices o, por lo menos, creen serlo.

Cuando digo pensar, obviamente no estoy hablando del pensar que hacemos todos los días para decidir qué nos vamos a poner, o qué vamos a comer, eso lo hacemos todos. De hecho, solo por ser “homo sapiens” tenemos habilidades cognitivas o, en otras palabras, tenemos la capacidad de pensamiento abstracto y razonamiento lógico que nos colocan por encima de la mayoría de los animales, a quienes llamamos irracionales precisamente porque no disponen de esa habilidad. Todos nosotros, los humanos “racionales” tenemos la capacidad o habilidad “innata” de pensar. Lo que pasa es que, como mencioné arriba, el disponer de la habilidad no implica automáticamente que la vayamos a usar adecuadamente o que siquiera estemos interesados en hacerlo.

El problema de no pensar por si mismo, es que, al no hacerlo, automáticamente dejas que otros piensen por ti. El problema de no aprender a tomar tus propias decisiones en la vida, es que entonces otras personas tomarán decisiones por ti y no siempre sus decisiones o conclusiones serán las mejores para ti.

Es como simplemente dejarse llevar por la corriente porque todo el mundo lo hace sin ni siquiera saber, por falta de interés, o por supuesta comodidad, si el nombre del río donde estamos nadando es “Niágara”, con las desagradables consecuencias unos momentos más tarde que eso supondría. También se pudiese comparar a la actitud de los lemmings de seguir uno al otro, aun si eso implica perder la vida en accidentes o caer por despeñaderos, porque se supone que está escrito en su sistema genético o es una cuestión de tradición.

Es tanto así, que hasta existe la expresión “ir donde va Vicente”, que implica ir a donde va toda la gente. No porque sea el mejor comportamiento en una situación dada, sino porque primero, es lo más cómodo y además, no nos convierte en el centro de atención del grupo, nos permite pasar desapercibidos.

Lo malo de de actuar de esta forma es que, puesto que cada decisión, cada acción que llevamos acabo en la vida, nos dirige en una dirección en particular, podemos terminar en un lugar en la vida donde no queremos estar.

Así que, ¿cómo podemos desarrollar la habilidad de pensar?

Pensamiento Crítico

La diferencia entre el pensar cotidiano e irrelevante que hacemos cada día y el pensar al que me estoy refiriendo, es el esfuerzo, el patrón y el propósito que este último requiere. Lo podríamos definir como el proceso mediante el cual utilizamos nuestro conocimiento e inteligencia para, de manera efectiva, llegar a la conclusión más justificable y razonable con respecto a diversos asuntos y que procura evitar las numerosas trampas típicas del pensamiento racional. A este proceso se le conoce como “Pensamiento Crítico”.

Aunque es parte del nombre, no implica automáticamente el criticar algo solamente por el placer de criticar y denigrar algo, que es el sentido que generalmente se le aplica al término. No implica una predisposición a buscar fallas constantemente. Tampoco tiene la intención de hacer que todos piensen igual en vista de hecho y circunstancias dadas. Es más bien, “el proceso” de examinar con cuidado y atención un asunto, siguiendo un patrón específico y manteniendo una mente abierta pero bien vigilada para no caer en las trampas mencionadas arriba.

El pensar críticamente es algo que cada uno de nosotros debería de esforzarse por aprender. Aunque puede ser un proceso que requiere tiempo para que lo apliquemos automáticamente, los beneficios nos pueden ayudar muchísimo en la vida.

Beneficios del Pensamiento Crítico

Uno de los mayores beneficios del pensamiento crítico es que te convertirá en una persona que tomará mejores decisiones. Te ayudará a no tomar decisiones SOLAMENTE basado en corazonadas o en lo que sea lo mejor según otras personas. Te ayudará a evaluar situaciones, alegaciones, creencias, noticias, etc. y ver hasta qué grado están basadas en la realidad. Te ayudará a diferenciar entre opiniones y hechos. Y aunque no te convertirá en alguien perfecto que siempre tome las decisiones correctas, te dará una ventaja sobre otras personas en muchas situaciones a las que te enfrentes día a día. Te ayudará a descubrir que hasta los llamados expertos, muchas veces no actúan racionalmente. Que se dejan llevar por la presión del grupo, o son controlados por intereses financieros o tienen motivos un poco turbios. Que aunque es cierto que son expertos en una rama en particular, eso no los convierte “automáticamente” en expertos en otros campos del quehacer humano.

Por otro lado, el aprender a pensar críticamente te ayudará a desarrollar una actitud humilde, porque te darás cuenta que no sabes todo. Estarás dispuesto a cambiar tu opinión si descubres que esta está basada sobre un fundamento palafítico y débil. Descubrirás que es necesario examinar asuntos desde diferentes perspectivas para poder captar su significado completo y poder entender. A la vez, te ayudará a evaluar problemas más efectivamente porque los enfrentarás desde una perspectiva más analítica.

Se te hará más fácil entender a otras personas, porque podrás fácilmente notar si están utilizando pensamiento crítico o no. Si es así, sabrás que presentando hechos, analizando fuentes y disecando argumentos llegarás más lejos que apelando a corazonadas y sentimientos. Si no, estarás en la capacidad de cambiar tu estrategia para llegar mejor al “corazón” de tu interlocutor.

El punto es que vale la pena desarrollar la habilidad de pensar críticamente. Los beneficios son muchos y muy aplicables en el mundo moderno, ya sea en el ámbito personal o en tu carrera, seas un empleado o un empresario.

En la parte 2 de este artículo, examinaremos cómo empezar a pensar críticamente y qué aspectos son importantes tener en cuenta y cuáles son algunas de las trampas que debemos evitar al tratar de usar esa facultad especial que nos convierte en un “homo sapiens”.

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