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¿Y el pan engorda? No, el que engorda eres tú

No recuerdo cuantas veces, después de una buena carcajada debido a lo descarado de la respuesta, siempre procedía a agregar que el problema no estaba en el pan mismo, sino en lo que se le untaba al pobre. Cosas como mantequilla, margarina, jaleas, Nutella, mantequilla de cacahuete, embutidos, jamón, quesos y tantas cosas más que en distintas partes del mundo se le untan a las rebanadas de pan, era lo que, en mi opinión, causaba en gran medida la obesidad y el incremento de peso que se observa en las personas por todos lados en casi todo el mundo. De hecho, en Alemania a la cena se le llama “Abendbrot” que, literalmente significa “Pan de la tarde” y consta, generalmente, de un surtido muy variado de cosas que se pueden poner encima de una rebanada de pan como, por ejemplo, carne molida cruda llamada “Mett” o “Mettwurst”. Pero no solo es el pan, también están las fritangas, los churros, las empanadas, los pasteles, las tortas y tantas cosas tan deliciosas, que uno se pregunta si será posible llegar a los cuarenta o cincuenta sin haber engordado en gran medida y haberse ganado el titulo de obeso.

Viendo las fotografías de la mayoría de mis amigos y personas de, más o menos, mi misma edad en Facebook o Google+, no me queda más que preguntarme si, de alguna manera, estamos condenados como lo fue Atlas por Zeus, a llevar una carga pesada por el resto de nuestros días, con la diferencia que en nuestros casos la carga no es el globo, sino que son los kilos extra que afectan nuestra apariencia, salud y expectativa de vida de manera negativa o si, por otro lado, hay alguna manera de escapar de ese castigo sin tener que convertirnos en ascetas, ermitaños maratoneros que no podemos disfrutar de la vida por estar constantemente hambrientos pensando en lo que NO podemos o debemos comer y cansados porque tenemos que hacer ejercicio que al final no parece ayudarnos de ninguna manera.

 

Una luz al final del túnel que no es un tren viniendo en nuestra dirección

Pues resulta que sí hay maneras de controlar nuestro peso a largo plazo, de mejorar nuestra salud y, al mismo tiempo, de no tener que hacer horas y horas de aeróbicos con el estómago vacío porque no podemos comer nada, ya que nos hemos puesto a dieta y aun así, después de semanas si no es que meses, sin ver grandes cambios en nuestro peso corporal.

Sin embargo, antes de meternos de lleno al tema, quiero dar crédito donde el crédito es debido. La información que presentaré en varios artículos sobre este tema, proviene principalmente de dos libros escritos por el periodista investigativo Gary Taubes, que se tomó la molestia de dedicar un total de 10 años de su vida para hacer una comparación exhaustiva de la gran mayoría de estudios hechos en los campos de la nutrición, obesidad, síndrome metabólico, diabetes y otras enfermedades del mundo moderno desde a mediados del siglo 19 hasta nuestros días, con el propósito de entender por qué engordamos y cuál es la fuente de las llamadas enfermedades del mundo moderno. Una investigación que le hizo cambiar completamente su punto de vista en cuanto a qué es lo que nos hace engordar y cómo esto es diametralmente opuesto a lo que se nos ha enseñado por décadas respecto a la nutrición y el control de peso.

Muy bien, una vez habiendo aclarado la fuente de la información solo me queda mencionar que yo mismo he estado poniendo en práctica los principios aprendidos durante todo el año 2012 y lo que va del 2013 y puedo decir que, sin gran esfuerzo he podido bajar 9 kilos (casi 20 libras), he hecho desaparecer la panza y, a pesar de las comilonas en diciembre, he mantenido mi peso deseado.

¿Qué nos hacer engordar?

La respuesta a esta pregunta es bien sencilla: “Lo que nos hace engordar es LA INSULINA“. ¿La insulina? ¡Exactamente!

¿Cómo así? Pues bien la insulina, como muchos de nosotros ya sabemos, es una hormona producida por el páncreas que tiene como propósito principal controlar el nivel de glucosa (azúcar) en la sangre. Por lo menos eso recuerdo de la escuela.

Pero ¿qué tiene que ver el azúcar en la sangre con la grasa corporal? Se podría decir que la glucosa es una de las principales precursoras de la grasa corporal, cuando no es utilizada inmediatamente como fuente de energía. Lo que quiere decir que mientras más glucosa tengamos rondando por nuestros vasos sanguíneos, mayor será la posibilidad de que esta termine como grasa acumulada en las diversas bodegas de energía de nuestro cuerpo.

Encima de eso, cuando el nivel de insulina se encuentra elevado en nuestra sangre, se inhibe el proceso de utilizar la grasa corporal ya almacenada como fuente de energía, obligando al cuerpo a buscar otras fuentes, independientemente de donde tengan que salir, aun si es necesario obligarnos a comer más para satisfacer esa necesidad. 

Y ¿de donde aparece la glucosa en nuestra sangre para que la insulina tenga que ser secretada por el páncreas para bajar su nivel? La glucosa es el resultado directo de nuestra ingestión de HIDRATOS DE CARBONO como el pan, arroz, pastas, patatas o papas, yuca, harinas y las cosas que se preparan con ellas y los azúcares y las cosas que los contienen.

He aquí la cadena de eventos de una manera más clara:
Te comes un plato de pasta con salsa de tomate con un vaso de coca-cola, al hacer la digestión, estos se convierten rápidamente en una gran cantidad de glucosa o azúcar en la sangre. Esto, a su vez, hace que el páncreas reaccione rápidamente produciendo grandes cantidades de insulina, lo que tiene como resultado que el nivel elevado de glucosa en tu sangre empiece a bajar abruptamente.

La insulina logra esto mediante ayudar a convertir a la glucosa (en la sangre) en glucógeno que puede ser almacenado en los músculos. Pero lo músculos solo pueden guardar una cantidad limitada de glucógeno. De manera que, una vez que los músculos estén llenos, la glucosa no tiene para donde ir, pero la insulina la obliga a desaparecer de la sangre, así es que mediante un proceso llamado lipogénesis a este azúcar no le queda otra que convertirse en triglicéridos, los que a su vez son depositados como grasa corporal en distintas partes de tu cuerpo.

Mientras todo esto está ocurriendo, la insulina corre por tus venas con un gran cartel que dice: “Prohibido utilizar grasa corporal como energía”. Así que mientras tu insulina está alta, tu cuerpo está muy ocupado guardando grasa y evitando que la que está guardada sea quemada como combustible. Lo triste de la situación es, que este proceso se repite un sinfín de veces durante el día, sin darle la oportunidad a tu cuerpo de quemar la grasa, solo tiene tiempo para acumularla, y acumularla, y acumularla.

Entonces ¿cómo puedo bajar de peso sin esfuerzo?

Otra respuesta sencilla, “asegurándote de mantener bajo el nivel de insulina en tu cuerpo por el mayor tiempo posible“. Cuando esto ocurre, otras hormonas como el glucagón, la hormona del crecimiento, la epinefrina o la norepinefrina, tienen la oportunidad de hacer su trabajo sin la interferencia de la insulina y pueden usar tus depósitos grasos como fuentes de energía. Si haces eso a menudo, estos obviamente, serán más y más pequeños a medida que pase el tiempo.

¿Notaste arriba qué causa la producción de insulina en el cuerpo? El consumo de hidratos de carbono como el pan, arroz, pastas, harinas, azúcares, cereales, etc. Para bajar de peso, solo tienes que controlar tu consumo de este tipo de alimentos. Pero entonces ¿qué puedes comer? Debes reemplazarlos con proteínas y grasas. Así de sencillo y aunque parezca mentira, el consumo de grasas, especialmente grasas antiguas, es decir, grasas que ya se conocían hace cientos de años como el aceite de oliva, o el de coco, o la manteca, si no van acompañadas de carbohidratos, no te hacen engordar. 

Esta última expresión fue una de las que a mi más me costo aceptar. Sin embargo, notando lo que ocurre en la práctica y después de haberme hecho exámenes médicos para notar los cambios en mis valores sanguíneos, tuve que aceptar que es lo que más se apega a la realidad. 

El comer más grasas y proteínas como carnes, huevos y aves, va a hacer que te sientas lleno más tiempo y, poco a poco, notarás que vas a poder controlar tus antojos más fácilmente. Al principio es una lucha, porque estamos tan acostumbrados a picar y cuando lo hacemos, el 95% del tiempo nos decidimos por algún tipo de carbohidratos (dulces, pasteles, harinas, etc.) que después de un par de horas, hacen que de nuevo nos sintamos hambrientos y empecemos el proceso desde cero una vez más. Pero si debido a tu ingestión de más grasas y proteínas, sufres de menos calambres en el estómago, no vas a tener que picar tanto y eso te ayudará a controlar y mantener el nivel de glucosa en tu sangre estable y al mismo tiempo minimizar el tiempo y la cantidad de insulina que tu cuerpo producirá.

Otro método, que puedes utilizar para bajar el nivel de insulina en tu cuerpo y promover la secreción de las otras hormonas mencionadas arriba, que ayudan a disponer de la grasa corporal como fuente de energía, es lo que se conoce como ayuno intermitente. Pero de este tema hablaré en el próximo artículo.

Déjame saber qué piensas de la información en los comentarios abajo.

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