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¡Hasta no creer, no ver!

Y ahora ¿qué le pasa a Hermann? ¿se le está olvidando el español? ¡El dicho dice “hasta no ver, no creer”! – Eso es lo que probablemente hayas pensado al leer el título de esta entrada. Sin embargo, no, no se me está olvidando el español y el título está escrito correctamente para el mensaje que estoy tratando de transmitir.

Al presentar el tema de la manera arriba mencionada estoy enfocando la atención en lo que realmente sucede cuando nos enfrentamos a un incidente dado. La gente, por lo general, dice vivir bajo el principio de “hasta no ver, no creer”. Sin embargo, cuando ocurre algo que parece ser increíble, tendemos a evaluar el incidente y darle un significado que esté más en consonancia con lo que ya creemos. Eso significa, que si de antemano no creemos en que algo es posible, aunque lo veamos ocurrir frente a nuestros ojos, se nos hará muy difícil aceptarlo como una realidad y nuestra primera reacción será ridiculizar, decir que es una mentira o un invento o, simplemente echar a un lado lo ocurrido como algo no factible, totalmente imposible.

Si tenemos esto presente, podemos entender muchas veces las reacciones de las personas cuando se enfrentan a una nueva “verdad”. Como dice el dicho que se le atribuye a Mahatma Gandhi: “Primero te ignoran, luego se ríen de ti, luego te atacan y al final terminas ganando”. Pues este sendero es muy similar al que nuevas ideas o verdades tienen que recorrer para ser aceptadas por la mayoría de las personas.

Para muestra un botón: A principios de los años 1600, Galileo Galilei se dio cuenta que, al contrario de lo que era la creencia general sancionada por la iglesia, la tierra no era el centro del universo y que, en vez de que el sol girara alrededor de la tierra, esta giraba alrededor del sol. Obviamente, la mayoría de la gente no creyó en esta nueva verdad, ¿por qué? Porque ya creían que la tierra era el centro del universo y, como dije arriba, hasta no creer, no ver. Estas personas, miembros de la iglesia y la nobleza, no podían creer que la tierra no era lo más importante en el universo. Era para ellos imposible ver los hechos desde cualquier otra perspectiva y el resultado para el pobre Galileo fue que tuvo que pasar sus últimos días en arresto domiciliario, aunque lo que el enunciaba era la verdad, una verdad que aun nosotros, 400 años después aceptamos.

Con el paso del tiempo y gracias a que, a pesar de las prohibiciones, Galileo guardó un registro de sus descubrimientos que escribió y luego publicó, años más tarde, cuando el mundo estuvo más dispuesto a creer que la ciencia puede suministrar más informaciones y datos verificables, fue que estas nuevas generaciones pudieron llegar a la aceptación de esta “nueva” verdad. De nuevo, el poder VER esta verdad como factible solo fue así, hasta que las personas creyeron que la ciencia sí podía suministrar información aceptable y verificable.

¿Qué podemos aprender de esto nosotros? Pues bien, el tener claro en nuestra mente que así es como funciona el ser humano, lo cual incluye a toda clase de personas, desde peones hasta científicos, ateos o religiosos, hasta a ti y a mi mismo; puede ayudarnos a evitar malos entendidos y frustraciones innecesarias si alguien no está dispuesto a aceptar nuestra forma de ver el mundo o la realidad según nuestro punto de vista, aunque para nosotros sea tan claro como el agua. Además nos muestra que el llegar a creer en algo o hacer un descubrimiento, no necesariamente es un camino en línea recta, sino más bien uno lleno de recovecos y curvas inesperadas. Pero, no hay que desistir, la perseverancia es la madre del éxito y el ejercer esta cualidad con constancia nos puede llevar a descubrimientos interesantes en nuestra vida, tanto en el mundo físico como en el de nuestra propia persona interna.

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