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Excelencia Personal ¿cómo la podemos alcanzar?

Excelencia Personal – Cuando pensamos en excelencia, se asoman a la ventana de nuestra consciencia imágenes de algo superior, especial, de calidad y bello. Algo excelente es algo que ha llegado a un nivel de calidad envidiable y que, por lo general, tiene un precio correspondientemente elevado. 

En el mundo mercantil por ejemplo, hay un sinfín de productos que son apreciados por su excelencia. Si pensamos en los automóviles, marcas como Audi, BMW o Bentley tienen la fama de ser excelentes, y que no tienen comparación con marcas como Hyundai, Kia o Chevrolet. Lo mismo podríamos decir de marcas de ropa. Hoy en día no es lo mismo ponerse unos jeans Wrangler que unos Dolce & Gabbana o Armani. O un estéreo de Samsung comparado con uno Bose. 

¿Cuál es la diferencia?

Respecto a los automóviles, todos te llevan de un lugar a otro la mayor parte del tiempo, y toda la ropa te va a cubrir el cuerpo y proteger de la intemperie. Y todos los aparatos de sonido producirán sonido aceptable. Pero si es así, ¿qué hace que ciertas marcas sean consideradas especiales por excelencia y que las personas estén dispuestas a pagar más del doble por ellas? Y más importante aún ¿qué podemos aprender de aquellas empresas que han elevado sus marcas a niveles de excelencia?

La principal cualidad que todas estas marcas o, mejor dicho, todas estas empresas han tenido es que le prestaron atención al “branding” de su marca a un grado mucho más elevado, es decir, se preocuparon por mejorar y se propusieron hacerlo como su meta principal. Enfocaron su atención como si fuera con una lupa para concentrar los rayos solares en un punto específico y a medida que aumentaron la calidad del producto, trabajaron al mismo tiempo, en mejorar la imagen de la compañía y asociarla con una imagen de productos de lujo y de calidad.

Lo que hicieron se puede destilar de los siguientes puntos:

  • Aceptaron el hecho que había que mejorar o mantener una imagen
  • Tuvieron una idea clara de hacia donde querían moverse
  • Enfocaron su atención en producir un producto de calidad
  • Enfocaron su atención en presentar una imagen de lujo
  • Trabajan constantemente en mantener no solo la imagen del producto, sino también su calidad

Al hacer esto, lograron una imagen congruente, que encaja. Solo tienes que sentarte en un Audi o un BMW para, inmediatamente, notar la diferencia, sentir la calidad de coche que tienes a la disposición. No hay una disonancia entre lo que oyes decir del producto y el producto mismo.

¿Cómo nos beneficiamos como individuos de entender esto? En primer lugar, para tener éxito en la vida, es necesario que tengamos una imagen congruente de nosotros mismos. Que lo que pensamos de nosotros mismos encaje con la realidad de lo que somos. Si notamos que constantemente nos estamos defraudando a nosotros mismos, obviamente no podremos proyectar esa imagen a otras personas. Tal vez lo podamos hacer por un período corto de tiempo, pero tarde o temprano, las incongruencias saldrán a la luz y allí es cuando vienen las decepciones.

¿Cómo mejorar entonces? Imagínate que estas encendiendo un fuego usando una lupa. Esta concentra los rayos del sol en un solo punto, intensificándolos hasta el grado de prender un fuego, pero solo si haces los ajustes de ángulo y distancia necesarios, lo que requiere concentración constante. De la misma forma, ten por seguro que si te enfocas en una meta por la cantidad de tiempo necesario, notando resultados obtenidos y haciendo los ajustes necesarios, ¡la lograrás! Si esta meta es mejorar como persona, mejorar como empleado o como emprendedor, o convertirte experto en cualquier campo, se hará una realidad.

El problema que tenemos la mayoría es que no somos lo suficientemente constantes y cabezones, por decirlo de alguna manera, para mantenernos en la lucha hasta que logremos nuestra meta. Si examinas la vida de personas que son consideradas de éxito, notarás que fueron y siguen siendo “tercos”, “tozudos”, “testarudos” y “obstinados” en lo que respecta a lograr sus metas. Independientemente de cuanto tiempo requiera. Pero, al mismo tiempo son “observadores”, “astutos”, “calculadores” y “sagaces” para notar qué funciona y qué no, para poder hacer las modificaciones necesarias en el proceso o comportamiento y así acercarse más a la meta.

Pero ¡qué bien se siente uno cuando, después de una lucha larga por lograr algo, finalmente lo alcanza! El sentimiento de logro, de congruencia interna es incomparable. Y vale la pena el esfuerzo.

Pero no termina allí la cosa, ahora viene el mantenimiento de nuestro nivel de excelencia. Esto implica progreso, cambio, mejora. El mundo a nuestro alrededor no es estático, de manera que tenemos que cambiar para mantenernos al paso. Si nos detenemos, nos quedamos atrás y nuestra excelencia personal ser convertirá de nuevo en algo ordinario, sin valor. Es un proceso que requiere esfuerzo, pero que vale la pena.

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