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El peor error que puedes cometer si deseas adelgazar

Si puedes responder “SÍ” a cualquiera de las siguientes preguntas, este artículo es para ti:

  • ¿Conoces a alguien que come todo lo que quiere y, aun así, no aumenta de peso?
  • ¿Conoces a alguien gordito que jura no comer más que uno o dos tiempos al día y, de todas maneras, sigue acumulando kilos?
  • ¿Conoces a alguien que constantemente se la pasa haciendo dietas y asistiendo a gimnasios y, de todos modos, no puede llegar al peso que desea?
  • ¿Conoces a alguien que dice engordar con solo “oler” la comida? ¡Ok! Esta suena un poco exagerada, pero conozco a algunos que lo aseveran.

El hecho de que todas estas situaciones ocurren constantemente, muestra que, de alguna manera, la información que recibimos a través de la “sabiduría convencional” es errónea para muchísimas personas. Esta nos enseña muchas cosas, en muchísimos casos correcta, pero tristemente en el ámbito nutricional, en los últimos 50 años anda un poco perdida.

 

Su premisa principal, cuando se trata de ayudar a alguien a adelgazar, es que es solamente una cuestión de leyes físicas, y la que aplican principalmente, es la ley de la conservación de la energía, también conocida como la primera ley de la termodinámica, que establece que la energía no puede ser ni destruida ni creada, sino que solamente es transferida o transformada.

En base a esto, concluyen que “una caloría es una caloría” independientemente de donde provenga. Su lógica es que, si una caloría es una unidad de energía, no puede ser destruida ni creada, solo transformada. Y, en base a esto, alegan que, para adelgazar, no importa en realidad, qué comas, mientras la cantidad de calorías que ingieras no sobrepase la cantidad de calorías que utilizas en tu trajinar diario. O, a la inversa, si tu trajinar diario quema más de las calorías que ingieres en el mismo espacio de tiempo, vas a bajar de peso. Y te enseñan una fórmula que, según ellos, te da la clave para adelgazar. “¡Es solo una cuestión de números!” – dicen. La fórmula es la siguiente:

Cambios en peso corporal = Calorías ingeridas – Calorías quemadas

Según esta fórmula, si deseas bajar de peso, digamos una libra a la semana, debes crear en tu cuerpo un déficit de 500 calorías diarias y al final de la semana habrás perdido una libra de grasa. Esto es así, porque una libra (aprox. 0.5 kilos) de grasa contiene más o menos 3500 calorías, que divididas por 7 (días), da las 500 calorías mencionadas anteriormente.

 

Lo triste es que en el mundo real, esto generalmente no sucede así. La pérdida de peso nunca es algo lineal y exacto como muchos de los lectores concordarán. Y aunque es cierto que la primera ley de la termodinámica se cumple también en el cuerpo humano (por eso es una ley), la fórmula, como está presentada arriba, produce frustraciones, sentimientos de impotencia e incapacidad y, hasta en algunos casos, de falta de valía porque para la mayoría de las personas no funciona en la práctica como en el papel. El problema es que hay tantos factores envueltos en la situación, que es imposible simplificar el asunto y reducirlo a una sencilla fórmula matemática como trata de hacer el sistema.

De todo lo anterior, podemos deducir que el peor error que puedes cometer al tratar de adelgazar es creer que “una caloría es una caloría” y regirte por una sencilla fórmula matemática para bajar de peso.

Obviamente, si lo vemos desde el punto de vista de la física, una caloría sí es una caloría. Aunque aun allí pudiésemos demostrar que existen variaciones de opinión. Pero aceptémos que una caloría, desde el punto de vista físico-químico, es una caloría. Sin embargo, una vez que una caloría es ingerida, las circunstancias cambian. He aquí algunos factores que deberían tomarse en cuenta en este asunto de adelgazar:

 

El Efecto Termogénico de la Comida

 

Cuando ingieres alimentos, tu cuerpo requiere de energía para digerirlos. Y, dependiendo de qué tipo de macronutrientes comas, o en qué relación, tu cuerpo utilizará más o menos energía para la digestión.

 

La proteína, por ejemplo, es el macronutriente que requiere la mayor energía para ser digerida. Tanto así que el equivalente al 30% de la cantidad de proteína ingerida se pierde antes de que llegue al momento de ser absorbida. En otras palabras, si comieras 50 gramos de proteína, la cantidad neta absorbida sería de solamente 35 gramos.

 

Por otro lado, los carbohidratos y la grasa requieren de mucho menos energía para ser digeridos. De manera que, empezando por la digestión, el tipo de calorías que ingieres tiene que ver en los resultados finales.

 

La Fibra

 

Cuando un alimento contiene fibra, esta no es digerida. Aparte de eso, la presencia de fibra ralentiza el tiempo requerido para absorber los carbohidratos que generalmente la acompañan. Además, el efecto de sentirse lleno por más tiempo que causa, produce el beneficio de no comer tanto como se comería sin la presencia de fibra en la dieta. De paso, la proteína también te hace sentir saciado, lo que resulta en ingerir menos calorías totales.

 

La Insulina

 

El efecto que el tipo de las calorías ingeridas tienen en la producción de insulina, afectará el uso que esas calorías reciben. En otras palabras, si tu dieta es principalmente carbohidratos, como se sugiere en la famosa pirámide alimenticia, tu nivel de insulina se mantendrá elevado. Esto a su vez, le dirá a tu cuerpo que convierta la glucosa extra en tu sangre (que es el resultado de la digestión de carbohidratos) en ácidos grasos que serán archivados en células adiposas.

 

Además, también establecerá una prohibición general a todas las células adiposas, para que no liberen ácidos grasos que puedan ser utilizados como fuente de energía. ¿Resultado? Vas a entrar en un estado de hambruna a nivel celular, y tu cuerpo, aunque tenga abundancia de energía, no la podrá utilizar. ¿Qué hará entonces? Pues, si no tiene permiso de utilizar la energía acumulada (grasa corporal), las únicas otras opciones que le queda es hacerte sentir hambre, lo que resultará en que comas de nuevo o, por otro lado, te producirá un estado letárgico, para ahorrar energías.

 

En Conclusión

Podemos con confianza decir que, desde el punto de vista de la dieta, “una caloría no es necesariamente solo una caloría”. Una caloría, puede desencadenar una cascada de factores que pueden terminar en que te sientas satisfecho más rápido y no comas más, o que estés cansado constantemente o que siempre estés hambriento.

Y todo eso, sin mencionar siquiera a las bacterias amigables que tenemos en el sistema digestivo, que también consumen un porcentaje de las calorías que ingieres. O la tasa metabólica basal que cambia a medida que tu peso corporal varía e incrementa o reduce tus requerimientos calóricos. O la hipótesis de que solamente con pensar en comida, como cuando se tiene hambre, ya se produce un aumento en el nivel de insulina secretada por el páncreas que produce los efectos mencionados arriba.

El punto es que, como mencioné al principio, hay muchos factores que se deben tomar en cuenta al momento de diseñar una dieta para adelgazar. Es necesario adquirir conocimiento y no solamente escuchar y aceptar lo que el establecimiento nos trata de imponer a manera de dogma. Una vez que se entiende cómo funciona el cuerpo, desde adentro y a nivel hormonal y enzimático, es mucho más fácil entender qué es necesario hacer para perder peso y, al mismo tiempo, asegurarse que la mayor parte de la pérdida sea tejido adiposo o grasa corporal.

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