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El hábito no hace al monje

Todos hemos escuchado o, en ocasiones hasta utilizado, expresiones como: “la costumbre hace ley”, “quien un mal habito adquiere, esclavo de el vive y muere” o “las malas compañías echan a perder los buenos hábitos” y otros más ¿no es cierto?

Estas expresiones denotan que el ser humano es un ente de costumbres, que a los habitantes de este planeta nos encanta la repetición y somos capaces de hasta morir por ella, aún cuando los resultados de ciertas acciones repetitivas vayan en detrimento de nuestra salud o seguridad personal allí vamos repitiendo vez tras vez, día tras día, un sinfín de acciones sin ni siquiera pensar en ellas.

Muy probablemente pienses, no, a mi no me gusta la repetición, de hecho la encuentro aburrida, sosa, desesperante, así que no me vengas con ese cuento de que a los humanos les encanta la repetición. Pero, la verdad es que es cierto lo que digo si tomamos un pequeño detalle en cuenta, a saber, que hay dos tipos de repeticiones, la consciente, la que encontramos hiperaburridísima y desesperante y la inconsciente, la que ni siquiera nos damos cuenta en muchas ocasiones que está allí, porque se ha convertido en un hábito que nos hace actuar siempre de una forma particular.

 

Pues es precisamente de estas repeticiones inconscientes o reacciones preprogramadas, como pudiésemos llamarlas, de las que quiero hablar un momento.

Pensemos primero cuáles son algunos hábitos que muchas personas tienen. Bueno, entre otros están:

  • Tomar cierta ruta para ir al trabajo
  • Despertarse en la mañana y saltar de la cama inmediatamente (la mayoría no hace esto o ¿me equivoco?)
  • Despertarse en la mañana y presionar el botón “snooze” para dormir otros 10 minutos
  • Llegar al trabajo y… preparar una taza de café
  • Sentirnos aburridos y buscar las chucherías
  • Manejar un vehículo automotor

en fin, hay miles de cositas que todos nosotros hacemos todos los días en las cuáles no pensamos, sino que solamente actuamos porque son hábitos que tenemos implantados en nuestro cerebro. Si lo anterior es cierto, entonces efectuamos acciones todos los días que nos favorecen, pero al mismo tiempo hacemos cosas que van en detrimento de nuestra salud, sin siquiera pensar en ello. Es, precisamente, este detalle que nos puede ayudar a identificar aspectos en los que podemos mejorar.

¿Te has puesto alguna vez a examinar tus propios hábitos y costumbres más comunes, con el propósito de hacer un inventario de ellos y determinar cuáles son deseables y cuáles no? Esa es precisamente lo que te propongo con esta entrada en el blog. Que te detengas y hagas un examen de los hábitos que tienes que actúan en detrimento tuyo, ya sea tu salud mental, emocional o física. Y ¿qué hay de los hábitos positivos y deseables que tienes? ¿sabes cuáles son?

Pero ¿qué determina que un hábito o costumbre sea positivo o negativo? En mi opinión, lo clave es el efecto que tal costumbre tiene en tu vida a corto, mediano y largo plazo. ¿Tienes la costumbre de siempre llegar tarde a tu trabajo? Eso podría afectar la imagen que tus jefes tengan de ti, lo cual podría afectar si eres considerado para un aumento o una promoción especial. En este caso, un resultado negativo, lo que calificaría a la costumbre de llegar tarde al trabajo de indeseable. En fin, una mala costumbre o, mejor expresado, un hábito indeseable es aquel que no te ayuda. No necesariamente lo que para mí es una costumbre indeseable lo sea para ti. Pero,

¿Cómo deshacerse de un mal hábito e implementar uno nuevo?

Deshacerse de hábitos indeseables no es fácil en la práctica, pero tampoco es imposible, la clave es traer esta acción repetitiva inconsciente al ámbito de las decisiones conscientes. Ese es el primer paso.

Luego es necesario identificar la necesidad que el hábito satisface, el detonante, por decirlo así y, lo más recomendable, es implementar una nueva acción consciente y positiva que lo reemplace. Obviamente, el identificar es la parte fácil. Pero es entonces cuando es necesario que cada vez que se te presente ese factor desencadenante o detonante, donde normalmente actúas inconscientemente, que tomes la decisión consciente de tomar una acción diferente y positiva. Y que lo hagas VEZ TRAS VEZ por un período de tiempo relativamente largo de, por lo menos, dos o tres semanas.

Algo que muchas personas han hecho, es imaginarse repetidamente la situación detonante y luego verse vez tras vez tomando la acción positiva nueva. Es decir, repetir muchas veces la nueva acción tanto en el mundo real como en el imaginario. Esta técnica te permite en relativamente poco tiempo el implantar una nueva acción en tu mente.

Después de algún tiempo, la nueva acción empezará a convertirse en la reacción por defecto o estándar cada vez que se presente el factor desencadenante y, si eres perseverante, esta nueva acción “deseada” pasará del ámbito consciente al área de reacciones inconscientes de tu cerebro. Cuando logres eso, habrás implementado un nuevo hábito de comportamiento.

Pero ¿se puede lograr realmente? Claro que sí, todas las personas que manejan han implantado nuevas costumbres o acciones automáticas en su comportamiento. La clave es que tienes primero que desearlo tú mismo. No debe ser algo que otra persona te quiera imponer, debe ser algo que tú mismo quieres hacer porque te interesas a ti mismo y quieres lo mejor para ti. Esto de por sí, te ayudará a ser lo suficientemente constante para lograr salir exitoso.

Así que ¿te atreves a implementar unos cuántos nuevos hábitos?
 

About the Author mrbock

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