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6 Razones de por qué tienes problemas con tu dieta

En el mundo de hoy se nos anima constantemente a que seamos más saludables. Que si debemos de hacer más ejercicio, que si debemos mejorar nuestra alimentación, comer menos dulces y grasas y más granos integrales y verduras. En fin, constantemente se nos bombardea con consejos y dietas que nos van a convertir en el próximo Mr. Olimpia o en la siguente Miss Fitness o Miss Universo. El problema es que independientemente de lo que veamos, oigamos o leamos, la mayoría termina hoy, haciendo lo mismo que hacía ayer, y obtendrá mañana los mismos resultados de los que se queja hoy.

La pregunta del millón es: ¿por qué si aceptamos que los consejos y las sugerencias que se nos dan son buenos, no los ponemos en práctica?

Acompañame a examinar seis razones de por qué esto ocurre tan a menudo. Al entender estar razones, se te hará más fácil ver si se cumplen en tu caso, lo que te permitirá tomar las medidas apropiadas para cambiar la situación.

1. Ves la nutrición como un asunto intelectual

Como mencioné arriba, tú sabes, ya sea porque has leído una revista o libro, u oído o visto algún programa, que debes mejorar tu nutrición. Sin embargo, cuando es solo un asunto del cerebro o de la mente, algo intelectual, por llamarlo así, no vas a llegar lejos. Comer es más que todo algo emocional. Sí, es cierto que es una necesidad física, pero bajo circunstancias normales, dejamos que las emociones nos dicten qué es lo que por lo general vamos a comer.

“¡Hmmm, se me antoja un….!” – Sea lo que sea que se te antoje, proviene de las emociones que haz vinculado con lo que se te está antojando. Por ejemplo, si sales un viernes por la noche a pasarla con los amigos y vives en México, es probable que termines a las 3 de la mañana en algun puesto de tacos comiendo muchos de ellos. O, si de repente te sientes deprimida o bajo estrés, pues lo que se te antoja es chocolate.

Y así va la cosa, cada emoción, la relacionamos con una comida, el problema es que estos alimentos, por lo general, no son los mejores y ya que la mayoría vivimos bajo el control de nuestras emociones y no las administramos correctamente, terminamos metiéndonos un sinfin de alimentos que son deliciosos, pero que no necesariamente son los mejores para nosotros.

¿Qué hacer?

Trata de vincular las emociones a alimentos nutritivos, o a variaciones más saludables de los que ya ingieres. Por ejemplo, en el caso del chocolate, puedes optar por una versión que contenga 75% o más de chocolate y menos leche y azúcar. Además, aprende a controlar tus emociones y no dejes que ellas te controlen a tí.

2. Tienes malos hábitos nutritivos

Estoy casi seguro que en alguna ocasión has escuchado la expresión “la costumbre hace ley”. Y es precisamente estas leyes, creadas por costumbres o hábitos en el ámbito nutricional, que causan muchos de los problemas que tenemos con las comidas.

Por ejemplo, cuando vas al supermercado ¿tienes ya una rutina y sabes exactamente qué comprar? El problema no está en tener una rutina, el problema es que la rutina no colabore contigo y te ayude a lograr lo que quieres. ¿Vas todos los lunes a Burger King? ¿Los miércoles a McDonald’s y los viernes a Pizza Hut? ¿Tienes que tener algo que picar cada vez que te sientas a ver la tele?

Todos nosotros funcionamos en un porcentaje bastante elevado en base a rutinas. Cuando suena la alarma en la mañana, tenemos una rutina; empieza el fin de semana, tenemos una rutina; es día de pago, tenemos una rutina; y así por el estilo. Rutinas o hábitos son aquellas cosas que hacemos sin pensar, porque hemos creado una “neuro-ruta” en nuestro cerebro en base a repetir un comportamiento en particular. El problema es que muchos de estos comportamientos tienen que ver con comida. ¿Eres de las que abre la nevera solo para ver qué hay dentro cuando estas aburrida? ¿Eres de los que llega a la casa del trabajo y lo primero que haces es tomarte una cerveza?

¿Qué hacer?

Primero, identifica los hábitos nutricionales equivocados. No solo en la casa, pero también cuando sales a hacer la compra al super o al mercado, o cuando sales con tus amigos.

Luego, esfuérzate por implementar nuevos hábitos nutricionales. Esto no será fácil y requerirá atención activa y concentrada de tu parte. Por lo menos por un tiempo, tienes que prestar atención a lo que haces con respecto a los hábitos que hayas identificados. Tienes que crearte un proceso de interrupción del hábito, y pensar en algo que lo pueda reemplazar, pero que sea positivo y vaya de acuerdo con tu meta. Piensa en la primer razón mencionada arriba y trata de envolver tus emociones en el asunto, mediante no solamente pensar, sino tratar de sentir los beneficios de modificar estos hábitos. Trata de cambiar solamente UN hábito a la vez. No te sobrecargues y prémiate cuando lo hayas logrado.

3. Te metes en tentación

En la oración del padrenuestro hay una expresión similar al subtítulo arriba, sin embargo, hay una gran diferencia, en el padrenuestro la solicitud es: “no nos dejes caer en tentación”, lo que da la impresión que no tenemos control en la situación, sin embargo, en este caso en particular, la responsabilidad recae sobre nosotros mismos y eso es algo que nunca debemos de olvidar. Solamente cuando a título individual nos hacemos responsables de nuestras acciones y evitamos echarle la culpa a otros o a las circunstancias, podremos tener cierta medida de éxito en este asunto de la alimentación.

Pero ¿cómo nos metemos en tentación?

Una de las razones principales es mediante tener en casa alimentos que van en detrimento de nuestras metas. Si tomas la decisión de reducir la cantidad de gaseosas que ingieres, pero las sigues comprando y están en la nevera, bien frias, ¿crées que cuando sientas el antojo y abras el frigorífico y veas la gaseosa allí, sonriéndote, no la vas a tomar, destapar y bebértela?

O ¿qué hay de dulces, chocolates y otra chucherías? Si las tienes en la casa, tenlo por seguro, vas a comértelos en algún momento cuando tu resolución se encuentre en un punto bajo. ¡La tentación será demasiado grande!

Y, por favor, no te engañes pensando que las estás comprando para los niños o para tu pareja. Si estos alimentos no nutritivos están dentro de tu casa, los vas a encontrar y no te va a importar por qué los compraste originalmente, vas a encontrar cualquier excusa para comértelos. Te dirás, “ah, mañana empiezo a hacer ejercicios” o, “mañana vuelvo a empezar con la dieta” o cualquier otra excusa que, en tu opinión, te permita validar tus acciones en ese momento. ¿Resultado? Pierdes el impulso, además de que después de los pecadillos, te arrepientes y te sientes culpable. ¿No es más fácil evitar todo esto mediante ni siquiera tener estas calorías vacías en la casa?

¿Qué hacer?

A todos en algún momento nos da por picar algo y es allí cuando empezamos a buscar qué comer. Hay tres cosas que puedes hacer para enfrentarte a esta situación:

  • Disminuye la cantidad de carbohidratos en tu dieta. Especialmente los derivados de harinas blancas y altamente procesadas, ni siquiera los compres en el supermercado. ¿Por qué? Los carbohidratos refinados, como el azúcar y los productos provenientes del trigo, contienen una sustancia llamada “gliadina” que produce un efecto opioide en el cerebro, es decir, se une a los receptores opioides del cerebro y crea adicción. Estos receptores son los mismos que son afectados por drogas como el opio (de allí el nombre). Obviamente, si eres adicto al trigo y sus derivados, o al azúcar, vas a estar constantemente buscando cómo satisfacer esa adicción. Tener los productos en casa no te va a ayudar.
  • Aumenta la cantidad de proteína que ingieres en tus comidas regulares, particularmente en el desayuno. Alimentos como huevos, pescado, carnes, aves y otras fuentes de proteína tienen la característica de hacerte sentir lleno por más tiempo, lo que reducirá tu deseo de picar entre comidas. Además, toma bastante agua.
  • Si de todos modos quieres algo que picar, procura que sean alimentos densos en nutrición, como nueces, yogurt natural (no las versiones llenas de azúcar), etc. El comprar estos y tenerlos en casa, en vez de los llenos de calorías vacías, hará que cuando caigas en uno de esos puntos débiles y andes buscando qué picar, solo encuentres cosas nutritivas. ¿Resultado? Por lo menos estarás trabajando en pro de tus metas de salud y no descarrilando completamente el tren de la nutrición.

4. Tu dieta actual no te ha causado suficiente dolor

¿Qué? ¿Dolor? Sí ¿de qué estoy hablando?

Piensa en esto, si “cada vez” que ingieres leche, te da diarrea, llegará un momento que evitarás la leche. Si cada vez que comes cierto tipo de nueces, te da alergia y te pica la garganta y casi no puedes respirar, llegará un momento que le tendrás pánico a ese tipo de nueces y las evitaras a toda costa. El dolor o el malestar, es una gran motivación. Los seres humanos hacemos muchísimo para evitar el sufrimiento y eso es excelente. A nadie le gusta sufrir.

Sin embargo, el hecho de que muchas veces el dolor causado por algo que hacemos no sea inmediato, nos lleva a actuar de manera negativa para nuestro cuerpo porque, a corto plazo, recibimos más placer y a nuestro cerebro se le hace difícil vincular la acción que hacemos con el dolor que llega a ocurrir meses o años después.

¡Dejame explicarme mejor! Piensa en el cigarrillo, todo el mundo sabe que es dañino para el cuerpo, sin embargo millones de personas fuman. ¿Por qué? Porque en su cerebro han vinculado más placer que dolor a la acción de fumar.

De la misma manera, es un hecho que una dieta insalubre, llena de azúcares y carbohidratos de alto índice glucémico y productos altamente procesados es dañina para el cuerpo. Sin embargo, cuando nuestro cerebro evalúa la balanza de placer y dolor; el placer que comer esa dieta produce, con sus exquisitos sabores, con la rapidez y facilidad de obtenerlos y con el sentimiento de bienestar cuando los opioides que contienen entran en los receptores de nuestros cerebros es un contrapeso demasiado grande para los dolores que, tal vez, en algún momento en el futuro bien lejano ocurran, como por ejemplo, diabetes, obesidad, problemas cardíacos y digestivos. El hecho de que estos problemas no sean inmediatos, resulta en que nuestro cerebro tienda a enfocar la atención en los placeres inmediatos.

Otro ejemplo similar lo encontramos en el sexo. ¿Por qué crees que hay una gran cantidad de madres solteras o personas sufriendo de enfermedades transmitidas sexualmente? Porque nuestro cerebro enfoca la atención en el placer inmediato y no en los problemas o dolores que tener sexo sin protección puede traer a largo plazo.

Sin embargo, en todos los casos mencionados arriba, el fumar, la mala dieta y el sexo, el hecho de que nuestros cerebros no enfocan en los problemas futuros, no los hace desaparecer. Los problemas llegan, tarde o temprano. Por eso, vale la pena esforzarse por encontrar un balance entre el placer actual y el dolor futuro que nuestra dieta puede causarnos.

¿Qué hacer?

Algo que te puede ayudar, es escribir una lista de los problemas que alimentarte como lo haces ya te está causando y cómo esos problemas, si empeoran, arruinarán tu vida en el futuro. ¿Has aumentado 10 kilos en los últimos años? Haz una lista de los problemas que eso te causa. Como no puedes hacer lo mismo que hacías antes, como no tienes la misma resistencia que tenías anteriormente, lo que no te permite jugar con tus hijos como quisieras. ¿Sufres de problemas digestivos a menudo, o de acidez, o de colon irritable? ¿Sufres de cansancio crónico? ¿Qué hay de problemas hormonales? En fin, asegúrate de hacer una lista que pinte un futuro horrible, luego métete en ese futuro y vívelo como si fuera una realidad, envuélvete emocionalmente en él. Examina las distintas manera como ese futuro puede destruir tu vida. Imagínate una vida con diabetes, eso incluye ceguera, la posibilidad de sufrir amputaciones y de hasta perder la vida. ¿Qué hay de enfermedades cardiovasculares y los problemas que ellas pueden causar? ¿Te gustaría vivir con esos problemas? Imagínate viviendo con ellos.

La mayoría de los problemas mencionados arriba y muchos más, son el resultado principalmente de una dieta equivocada. El no enfocar en el dolor que puede causar, puede convertir ese futuro que has visitado en una realidad.

¿Realmente quieres que esto ocurra?

5. No has enfocado en el placer de una dieta óptima

Toda moneda tiene dos lados. Por lo menos, todas las que yo conozco. Así que, examinemos la otra cara de esta que estamos considerando.

En la razón anterior, enfoqué la atención en el placer inmediato que te produce tu dieta actual y te animé a, más bien, cambiar el enfoque hacia el dolor que tener una dieta nociva te traerá en el futuro, si no la cambias.

Veamos ahora un aspecto en el que muchos somos expertos, es decir, enfocar en el dolor que causa una dieta óptima. Sí, la mayoría enfocamos en el hecho de que una dieta óptima será complicada, será más cara, será menos sabrosa y requerirá de toneladas de fuerza de voluntad para mantenerla.

Pero este es el procedimiento incorrecto. Más bien, enfoquemos en los placeres que una dieta óptima nos puede proporcionar:

Imagínate 10 años en el futuro. Tienes 10 veces más energía y resistencia de la que tienes ahora. Has perdido la llanta de repuesto que cargabas alrededor de tu cintura y todo el mundo te alaba por tu figura esbelta. La gente no puede creer que tienes la edad que tienes. Alegan que les estás tomando el pelo y tú te ves obligado a enseñarles tu carnet de identidad para comprobar tu edad. ¿Cómo te sientes? ¿No es cierto que orgulloso? Imagínate yendo a la playa y no poder esperar quitarte la ropa porque te sientes orgulloso de tu cuerpo. Pero, eso no es todo; vas al doctor a tu examen de rutina y el doctor te felicita porque todos tus valores sanguíneos y factores de riesgo reflejan a alguien mucho más jóven que tú. ¿Te sientes lleno de orgullo? Tienes razón de estarlo, haz trabajado para lograrlo y ha valido la pena.

Imagínate 20 años o más en el futuro, ya te has jubilado, pero todavía tienes mucha energía que empleas en practicar deportes, viajar y llevar a cabo proyectos interesantes, cuando otros de tu generación ya ni siquiera pueden moverse. Tu mente, igual de lúcida como siempre y siempre pensando en cómo puedes mejorar y qué puedes aprender. ¿Crees que valdría la pena un futuro como ese? ¡Indudablemente!

¿Qué hacer?

Haz una lista de los beneficios y placeres que obtendrás de tener una salud óptima y sabe que una salud óptima es, principalmente, el resultado de una alimentación óptima. Imagínate un futuro donde esa lista sea una realidad y ve a visitar ese futuro. Envuélvete emocionalmente en ese futuro y siente el placer de poder usar tu cuerpo y mente productivamente, cuando otras personas pasan sentados, casi inválidos en un asilo de ancianos.

Un futuro de este tipo es factible y depende en gran medida de tu alimentación, del ejercicio que hagas y del estilo de vida que lleves. Y lo mejor de todo, ese futuro puede empezar en tan poco tiempo como en un mes, si empiezas hoy a cambiar tus hábitos alimenticios y de estilo de vida. Los efectos positivos, los podrás notar muy, pero muy rápido. La clave está en ser consistente y enfocar tu atención como si fuera un rayo láser en los placeres de una alimentación óptima.

6. No tienes suficiente conocimiento sobre nutrición

Mi padre murió a la edad de 70 años. Físicamente, estaba en forma. De hecho, una semana antes de caer enfermo con la enfermedad infecciosa que lo llevó al sepulcro, había viajado de Belice a Honduras al estilo Indiana Jones, cargando maletas a través de la jungla, yendo parte del camino en botes, otra parte a pie y la última en autobus. Físicamente, esto no representaba ningún esfuerzo extra para él. Para ir a visitarme, a veces caminaba kilómetros en Tegucigalpa para, según él, ahorrarse el pasaje del autobus.

Sin embargo, tenía una deficiencia, nunca se interesó por aprender algo sobre nutrición y, como me confesó en su lecho de enfermo, donde pasó los últimos tres meses de su vida, pensaba que lo importante era no pasar hambre y llenar el estómago con lo que fuera. De manera que, en sus viajes, muy a menudo se conformaba con un par de bananos, un poco de agua y un pedazo de pan. Comía hasta llenar el estómago y asumía que todo estaba bien. Lastimosamente ese tipo de alimentación lo puso en un estado de nutrición deficiente que no le permitió a su cuerpo hacer frente a la enfermedad que lo atacó y sucumbió ante ella después de luchar por tres meses.

Sí, mi padre tenía una deficiencia de conocimiento que, según mi opinión, le robó muchos años de su vida. ¿Por qué pienso de esta manera? Pues, porque el promedio de vida en los miembros de su familia era de alrededor de los 90 años. De hecho, mi abuelo llegó hasta los 93 años. Además, cuando mi padre tenía alrededor de 67 años, lo acompañé al doctor y cuando este le midió la presión arterial, no pudo menos que alabarlo, ya que su presión era exactamente 120 sobre 80, ¡la presión arterial perfecta!

La razón de contar esta parte de mi vida tiene el propósito de mostrar la importancia del conocimiento en el ámbito nutricional, porque aunque es cierto que todos tenemos experiencia en comer, la mayoría no tiene mucho conocimiento de nutrición. Y si tiene alguno, es lo que generalmente los médicos o nutricionistas convencionales mencionan superficialmente. La verdad es que, si queremos que nuestros cuerpos funcionen de manera óptima tenemos que saber más acerca de lo que ponemos dentro de nuestros cuerpos. ¡Hoy es más importante que nunca antes!

Si retrocedemos en la historia por cientos o miles de años, notaremos que el conocimiento nutricional se pasaba de padres a hijos. Este conocimiento no era superficial. De hecho, las culturas ancestrales con su alimentación tradicional, eran de lo más saludables y no sufrían de la ristra de enfermedades modernas que aquejan a la sociedad actual. La ventaja que ellos tenían era que la oferta era bastante limitada y el conocimiento, aunque era profundo, se limitaba a los productos que tenían a su alcance.

Hoy día, por el contrario, tenemos una oferta de productos alimenticios impresionante. Se dice que un supermercado promedio en los Estados Unidos dispone de unos 20 000 productos. Además, cuando le echamos una ojeada a los ingredientes de estos productos, muchas veces ni siquiera los podemos pronunciar, mucho menos para saber qué son y, lo más importante, cómo afectan a nuestro cuerpo.

Sin embargo, nos dejamos llevar por los comerciales y los anuncios coloridos y nos dejamos convencer por las afirmaciones y declaraciones que los productores hacen. La mayoría no se interesa más allá de ese punto. Sin embargo, desde que se inició la explosión de productos que nos trae la industria alimentaria, el nivel de salud general de las personas que principalmente utilizan estos productos en su dieta va en declive y la ignorancia sobre sus contenidos y efectos en nuestros cuerpos va en aumento.

Es por eso que deberíamos interesarnos en nutrición y cómo esta nos afecta. Por ejemplo ¿qué sabes sobre los efectos del jarabe de fructosa de maíz en el cuerpo? En muchos países, la mayoría de los productos procesados lo contienen. O ¿qué de los efectos del maíz modificado genéticamente? También un ingrediente de la mayoría de los productos procesados en muchos países. Aun todavía ¿qué sabes de los efectos del azúcar en el cuerpo si lo ingerimos en cantidades industriales? O ¿de qué manera puedes reducir tus triglicéridos y colesterol sin tomar drogas? La respuesta tiene que ver con la nutrición. ¿Cómo controlar una diabetes tipo II? De nuevo, una respuesta estrechamente relacionada con la nutrición.

El punto es que hay tanta oferta de alimentos hoy día que, sin el conocimiento necesario, es bien fácil caer víctima de, como mencioné arriba, los placeres inmediatos de estos alimentos, y luego sufrir las consecuencias que se ven en prácticamente todos los países donde la oferta de productos alimenticios producidos por la maquinaria de la industria alimentaria ha aumentado exponencialmente. Problemas como diabetes, obesidad, síndrome metabólico, enfermedades coronarias, cansancio crónico, desequilibrio hormonal y tantos otros problemas que son causados, por un lado por el exceso de azúcares, carbohidratos procesados y grasas rancias y, por otro lado, por la deficiencia de vitaminas y minerales como el magnesio y otros necesarios para una vida óptima.

En fin, sin el conocimiento apropiado sobre nutrición, vamos por un mal camino, si nos dejamos llevar por lo atractivo de las ofertas modernas de alimentos. Lo problemático del caso, es que la industria alimentaria utiliza métodos científicos para hacernos adictos a sus productos, ya sea mediante ponerle sustancias que afectan los centros del placer de nuestro cerebro, o por producir campañas publicitarias que nos hacen pensar que si nos alimentamos a base de sus productos, tendremos una salud óptima. Para cuando nos damos cuenta que no es así, es demasiado tarde para muchos. ¡No dejes que te ocurra a ti!

¿Qué hacer?

En primer lugar debes reconocer que necesitas aprender. Es decir, tienes que aceptar que no sabes suficiente. Dejame decir que en este grupo de los que no lo saben todo, me incluyo yo. Una vez aceptando este hecho, debes buscar información y leer, leer, leer o, si te es preferible, ver videos en internet.

Nota que menciono al internet. Lo hago porque allí (o aquí si estás leyendo esto en mi blog) hay cantidades casi infinitas de información. Obviamente tienes que ser cuidadoso, porque por todos lados hay charlatanes y personas que buscan maneras de obtener ventajas a base de los incautos. Sin embargo, en el internet tienes acceso a mucha información de excelente calidad. Es cierto que encontrarás información que, a veces, puede parecer contradictoria, sin embargo, si la lees con cuidado y la comparas con otra información, puedes encontrar un sistema que funcione para ti.

Solo piensa en esto: independientemente del estilo de alimentación que escojas seguir, notarás que la mayoría hacen énfasis en productos naturales, con ningún o muy poco procesamiento. Algunos comen más carbohidratos, otros menos, pero todos están de acuerdo que carbohidratos refinados y azúcares son perjudiciales. Sin embargo, con más estudio, aprenderás otros detalles, descubrirás sobre enfermedades que pueden ser controladas mediante evitar ciertos alimentos o mediante incrementar ciertos minerales. El punto es, que mientras más sepas, más control tendrás. Y eso es precisamente lo que debes tratar de lograr. No ir con la corriente nutricional guiada por la industria alimentaria que tiene como meta principal, ganar dinero; sino ser el capitán de tu propio barco y, si es necesario ir contra la corriente, hacerlo si es para tu beneficio a corto, mediano y largo plazo. Pero solo podrás hacer eso si sabes de qué se trata el asunto.

¿Qué podemos decir en conclusión?

Si tomas las medidas apropiadas para que estas seis razones no apliquen en tu caso, se te hará más fácil tomar las riendas y convertir tu alimentación en una que sea óptima y que resulte en una mejor salud, más energía y en reducir muchos de los factores de riesgo de las enfermedades comunes al mundo moderno. Es cierto, serás diferente a la mayoría de las personas, pero tu no quieres ser del montón. Además, cuando otros vean cómo te ves y la calidad de vida que llevas, es probable que te pidan sugerencias. Si tienes conocimiento de cómo funcionamos en sentido nutricional, los podrás ayudar y créeme, una de las mejores cosas que como humanos podemos hacer es ayudar a otros y

¡Realmente todos necesitamos ayuda en asuntos alimentarios!

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