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6 nutrientes que te pueden enfermar, o salvar la vida

Es obvio que la dieta moderna, aunque nos permite seguir vivos cada día, no nos está suministrando una nutrición óptima que nos permita mantenernos saludables a largo plazo. De hecho, si vemos las estadísticas, en los últimos cien años han habido tantos cambios en las costumbres alimenticias en los países que se han modernizado en su alimentación, que se ha producido un incremento en la cantidad de enfermedades y dolencias que nos van matando lentamente hasta que es demasiado tarde. Aterosclerosis, alta presión, diabetes, síndrome metabólico y obesidad están a la orden del día. En realidad la dieta moderna no nos mata de un solo tiro, ¡no! solo nos degrada lentamente a través de muchos años, robándonos de muchas buenas experiencias y, en muchos casos, confinándonos prematuramente a estados calamitosos donde muchos desean la muerte. Pero entonces tenemos la medicina moderna que no nos deja escapar de estas situaciones manteniendo a la persona viva, pero sin curarla, por el mayor tiempo posible. Algo así como una tortura china.

Uno de los problemas que la dieta moderna ha causado, es torcer la relación en la combinación de ciertos nutrientes. Normalmente no nos damos cuenta de las deficiencias y problemas que esto causa, hasta que es demasiado tarde, porque sus efectos, como mencioné arriba, ocurren lentamente. Pero está comprobado que estas combinaciones torcidas, tienen una incidencia negativa en nuestra salud en relación a las enfermedades mencionadas arriba. Así que ¿cuáles son estas combinaciones? ¿Cómo podemos asegurarnos o, por lo menos, estar conscientes de cuáles son las proporciones óptimas que mantendrán nuestra buena salud el mayor tiempo posible?

Acompáñame a examinar tres de estas combinaciones y a descubrir cómo pueden beneficiar nuestra salud a largo plazo.

1. Calcio / Magnesio

Hoy día los suplementos de calcio son muy populares. Además, con la gran incidencia de osteoporosis en las personas de la tercera edad, particularmente en las mujeres, se hace muchísimo énfasis en asegurarse de tener una buena ingestión de calcio en la alimentación. Se nos anima a ingerir bastante leche y otros productos lácteos principalmente porque nos suministran bastante calcio. Luego se hace énfasis en el hecho de que la masa ósea se va perdiendo a medida que se envejece y que es bien difícil reemplazarla. Obviamente se presenta a los suplementos de calcio como, básicamente, el único método para ralentizar este proceso, que por muchos se considera irreversible e imparable.

Sin embargo, en toda esta discusión, muy pocas veces se hace referencia al hecho de que el magnesio juega un papel preponderante en la absorción del calcio. No se menciona que sin magnesio, el calcio que es ingerido tiene grandes problemas para terminar en nuestros huesos y, más bien, incrementa la posibilidad de que termine en el tejido blando, es decir músculos y órganos, calcificándolos.

Lo interesante del asunto es que aun cuando existen calcificaciones del tejido blando, si se suministran cantidades adecuadas de magnesio, estas calcificaciones son casi siempre eliminadas.

El magnesio, del que se habla muy poco cuando el tema son los huesos, es un excelente mineral que, además de ayudar a absorber el calcio apropiadamente, es el encargado de abrir la puerta, por decirlo así, para que este entre a los huesos y cumpla su cometido. Y esta es solo una de las muchas cosas que el magnesio hace. De hecho, está envuelto en más de 325 reacciones químicas enzimáticas y otros procesos que tienen lugar en nuestro cuerpo. Esto significa que en alrededor del 75% de los procesos enzimáticos que ocurren en el cuerpo, el magnesio tiene algo que ver.

Por ejemplo, la manera como el magnesio ayuda al calcio a ser absorbido, es mediante convertir a la vitamina D en su versión activa, de manera que esta, a su vez, ayude en la absorbción del calcio.

Además de esto, el calcio y el magnesio trabajan juntos en muchos casos, son minerales hermanos, por llamarlos de alguna manera. Para una muestra un botón: En el proceso de hacer que te puedas mover, el calcio es el encargado de contraer tus músculos, a su vez, el magnesio es el encargado de relajar tus músculos. Esto explica el por qué tienes calambres cuando existe una deficiencia de magnesio, el calcio ayuda a contraer, pero puesto que no hay suficiente magnesio, no hay relajación del músculo en cuestión.

Un aspecto importante es que, como mencioné arriba, el magnesio ayuda a evitar calcificaciones, muchas de las cuáles pueden ocurrir en lugares peligrosos del cuerpo, como las arterias. En otras palabras, si eres deficiente en magnesio y tienes exceso de calcio, las probabilidades de tener endurecimiento de las arterias se incrementa. ¡Algo en qué pensar!

Entonces ¿cuál es la proporción calcio-magnesio más apropiada?

Con todo esto no quiero decir que debes dejar de preocuparte por ingerir calcio y solo preocuparte por el magnesio. ¡No, no, no! El calcio es muy importante, pero debe de mantenerse en la relación apropiada con el magnesio. Lastimosamente, con la cantidad de recomendaciones que solo hacen énfasis en el calcio, la dieta moderna, junto con la suplementación de calcio disparan la relación calcio-magnesio en favor del calcio a una proporción de más o menos 5 a 1. Cuando en realidad debería de ser una proporción de 1 a 1 o, cuándo más 2 a 1.

¿Cómo se puede lograr este balance en la proporción? Número uno es una dieta alta en vegetales verdes, ya que estos contienen bastante magnesio. Además, si es necesario, vale la pena tomar un suplemento de magnesio, pero asegurándose de que sea del tipo que el cuerpo puede absorber apropiadamente.

Uno de los métodos más fáciles de absorber magnesio es a través de la piel. El método más popular es lo que llaman “aceite de magnesio” que, básicamente, es una solución de 2 a 3% de cloruro de magnesio diluído en agua. En otras palabras, no es necesario comprar el “aceite” directamente, que sale un poco caro, sino que es más fácil comprar el cloruro de magnesio y preparar la solución uno mismo. Esta solución luego es untada o aplicada con un aerosol en la piel y masajeada hasta que sea absorbida. La ventaja es que se evita el sistema digestivo que tiene la tendencia a reaccionar negativamente cuando hay una ingestión elevada de magnesio a manera de suplemento.

En conclusión podemos decir que mantener la proporción de calcio-magnesio entre 2:1 y 1:1, es preferible desde el punto de vista de la salud a largo plazo, que la causada por la dieta moderna con su énfasis en productos lácteos y suplementos de calcio sin prácticamente tomar en cuenta al magnesio para nada.

Que para beneficiar a nuestros huesos tenemos que tomar calcio acompañado de magnesio. Si no es así, no lo estamos haciendo correctamente y,

Que en vista de la gran cantidad de procesos enzimáticos en nuestro cuerpo donde el magnesio se ve envuelto, vale la pena no olvidar a esta importantísimo mineral e incluirlo en nuestro arsenal de nutrientes.

2. Sodio / Potasio

La próxima vez que estés en el supermercado, échale una ojeada a cualquier producto alimenticio procesado y fíjate en la cantidad de sodio (sal) que contiene, luego observa la cantidad de potasio presente, si es que siquiera lo mencionan. Lo más seguro es que la cantidad de sal será dos, tres o más veces mayor que la cantidad de potasio, algo que es contranatural y, sin embargo, completamente normal en el mundo de hoy lleno de productos alimenticios inventados con la intención de ganar dinero y enfocados más en el sabor que en la nutrición.

¿Por qué digo que es “contranatural”?

En las dietas ancestrales que se basan en productos naturales y sin procesamiento, la cantidad de sodio o sal que se encuentra en los alimentos es pequeña “en comparación” con la cantidad de potasio también presente en dichos alimentos. Las frutas y vegetales tienen casi universalmente más potasio que sodio y, de hecho, hasta las carnes, si no han sido procesadas, contienen más potasio que sodio.

¿Qué quiere decir esto? Que fuimos diseñados para alimentarnos con una dieta donde la cantidad de potasio es mayor a la de sodio, así de sencillo. ¡Eso es lo natural! Pero allí llegamos nosotros los humanos y empezamos a producir alimentos mediante combinar distintos ingredientes y teniendo la intención que nuestros inventos alimenticios duren más tiempo sin pudrirse o estropearse. ¿Qué es lo primero que hacemos? Agregarle sal extra a esas comidas porque la sal da buen gusto y, además, ayuda en la conservación de dichos alimentos, lo cuál es excelente si dichos alimentos no se convierten en la parte principal de nuestra alimentación diaria. Lastimosamente, eso es precisamente lo que ocurre. La persona moderna dedica muy poco tiempo a preparar comidas desde cero y prefiere adquirir alimentos que solo es cuestión de abrirlos y comer o, donde el único procesamiento es agregarles agua hirviente o meterlos en el microondas.

Pero ¿por qué nos debería de interesar esto? Porque hay pruebas de que cuando la proporción de sodio-potasio en una dieta se inclina del lado del sodio, la incidencia de mortalidad por problemas cardiovasculares y otras razones aumenta. Es interesante cómo la revista Forbes lo presenta en un artículo que publicaron en 2011 con el título “Estudio descubre que la relación sodio-potasio está fuertemente vinculada a la mortalidad y las enfermedades cardiovasculares”. Empezando por el título el artículo, se hace resaltar el fuerte vínculo entre la proporción de sodio-potasio y los problemas de la salud.

¿Significa esto que la sal es mala? ¡No necesariamente! De hecho, hasta en la Biblia se habla de la sal como algo especial y “bueno”. Jesús llama a sus discípulos la “sal de la tierra”. Y aunque hay estudios que, aparentemente, muestran una relación entre ingerir demasiada sal y problemas cardíacos, cuando se les somete a un escrutinio más profundo, esa relación se esfuma. Sin embargo, lo que sí es claro es que cuando hay un consumo excesivo de sodio y “al mismo tiempo” un consumo escaso de potasio, estos problemas y enfermedades sí pueden ser constatados. Esto quiere decir que el problema no es la sal, sino la mucha sal y el poco potasio o, para decirlo de otra manera, la proporción sodio-potasio presente en nuestra alimentación actual.

Entonces ¿cuál es la proporción sodio-potasio más apropiada?

Como mencioné arriba, la mayoría de los alimentos naturales, no procesados, siempre contienen más potasio que sodio, lo que nos debe dar la pauta. De hecho los doctores Boyd Eaton y Melvin Konner en una publicación intitulada “Nutrición Paleolítica”, publicada en el “New England Journal of Medicine” en Enero de 1985 muestran que, en base a estudios de muchas sociedades de cazadores-recolectores aun existentes, la relación promedio del sodio-potasio en sus dietas es de 1 a 55. En otras palabras, por cada gramo de sodio, ingieren 55 gramos de potasio. ¡Muy lejos de lo que es la dieta moderna, donde es totalmente al revés!

Al final, concluyen que la proporción debe de mantenerse de entre 1:2 a 1:16 en favor del potasio. Todo esto muestra que la clave está en ingerir “más potasio que sodio” la mayor parte de las veces que comemos. Esto, en el mundo de hoy, solo lo podemos lograr si hacemos énfasis en alimentarnos en base a productos no procesados como frutas, vegetales, verduras, carnes, huevos, pescado. Sin embargo, tan pronto como estos pasan por casi cualquier tipo de procesamiento, la proporción sodio-potasio se invierte e inclina al lado del sodio.

A manera de nota marginal quiero hacer énfasis que respecto a la sal, este proceso de modernización también tiene incidencia en su valor nutricional. Hoy día tenemos sales que han sido procesadas altamente para presentar ese aspecto de polvo blanco fácil de espolvorear. Por lo tanto, vale la pena echarle una ojeada a la sal que se consume y preferir aquella que sea del tipo más natural posible.

Ahora bien ¿por qué es el potasio tan importante?

El potasio es un importante electrolito que ayuda a mantener la proporción de agua en el cuerpo en su nivel óptimo. No debemos olvidar que nuestros cuerpos son “principalmente” agua y que esta debe de mantenerse en un nivel óptimo en el cuerpo para que todo funcione bien. Mediante regular el nivel de líquidos en el cuerpo en cooperación con el sodio principalmente, ayuda a controlar la presión arterial entre otras cosas. Además de esto, incide en la masa ósea, el sistema nervioso, la función muscular, del corazón y los riñones aparte de cooperar en la función adrenal apropiada.

En conclusión podemos decir que asegurarse que la proporción de sodio-potasio se incline poderosamente en favor al potasio, cooperará con nuestra salud. Esta proporción solo la podemos conseguir, si le damos preferencia a productos naturales no procesados en nuestra dieta. Una razón más para seguir una alimentación “a la antigua” y dejar de lado la mayoría de productos alimenticios que tienen comerciales en la televisión.

3. Omega 6 / Omega 3

En las dietas tradicionales y ancestrales, la relación de estos ácidos grasos esenciales es de por lo general 1 a 1, es decir, que se consume más o menos la misma cantidad de omega 3 como de omega 6. Pero, con las dietas modernas y los cambios en las directrices nutricionales de los últimos aproximadamente 100 años, esta proporción se ha inclinado poderosamente en favor de los omega 6. Tristemente, las recomendaciones que hasta el día de hoy se siguen repitiendo de ingerir aceites vegetales porque son poliinsaturados y evitar las grasas saturadas, ha sido una de las razones principales de este torcimiento en la proporción.

¿Cómo así? Pues porque han incitado la gran oferta de la industria alimentaria de aceites vegetales altos en omega 6 como lo son los aceites de girasol, maíz, soya, sésamo y muchos más. Algunos de estos aceites ni siquiera pueden ser extraídos por métodos fáciles y tienen que pasar por un proceso bastante largo antes de aparecer en los estantes de los supermercados. El énfasis que se hace en consumir estos aceites debido a que no contienen colesterol, ha causado la distorsión en la proporción del consumo de estos ácidos grasos esenciales. ¿Resultado? La proporción hoy día para las personas que llevan una dieta “balanceada normal” es, como promedio, de entre 20 a 1 y 30 a 1, y según expertos, en algunos casos hasta de 50 a 1 en favor de los omega 6. ¡Es increíble, pero de una proporción de 1 a 1, se ha llegado hasta una de 50 a 1! ¡Es una muestra de cómo se puede llegar a los extremos!

Nota que arriba llamé a estos, “ácidos grasos esenciales”. Esto es porque en realidad son necesarios para mantenernos vivos. Obviamente, el eliminarlos completamente no sería la solución.

Entonces ¿qué se puede hacer?

En pocas palabras, primero, reducir la cantidad de ácidos grasos del tipo omega 6 hasta donde sea posible sin llegar al extremo de eliminarlos ya que son esenciales y, segundo, aumentar la cantidad de omega 3 en la dieta.

¿En donde se encuentran los omega 6 principalmente? Como mencioné arriba, se encuentran en los aceites vegetales modernos de maíz (mazola), girasol, soya, colza (canola), sésamo, de semillas de uvas, cártamo o azafrán y otros. Pero no solamente en los aceites, hay muchos otros alimentos que los contienen, sin embargo, ya que la meta no es eliminarlos completamente sino más bien reducirlos, no significa que se deben evitar todos esos alimentos. Recordemos que la intención es balancear la proporción entre omegas 6 y omegas 3. En esta página http://180degreehealth.com/2010/02/omega-6-content-of-common-foods (en inglés) hay una lista de alimentos agrupados por su cantidad de omega 6. Desde los que tienen altísimo contenido como los aceites vegetales modernos, hasta los que tienen bien poco.

¿Y qué hay de los omega 3? Para aclarar, hay varios tipos de ácidos grasos omegas 3 (lo mismo es con los omega 6). Está el ALA, el EPA y el DHA entre otros, pero estos son los más comunes y deben ser obtenidos de la dieta. El EPA y el DHA, especialmente este último, son los responsables de los beneficios que se le atribuyen a los omega 3. Ya que estos básicamente solo se encuentran en ciertos tipos de pescado y en algas, podemos concluir que es importante consumir pescado con cierta frecuencia. El ALA, que en un porcentaje bastante bajo, puede ser transformado en EPA y DHA, lo encontramos principalmente en las semillas de linaza, pero también en nueces y en el aceite de oliva. Sin embargo, en vista de que muchos, o no les gusta el pescado, o no tienen acceso a él, puede ser algo que considerar el obtener algún tipo de suplemento de EPA/DHA para aumentar en nivel de omega 3 ingeridos.

Pero ¿por qué es importante tratar de buscar el equilibrio en la proporción de omega 3 y omega 6?

Hay estudios que prueban una asociación tanto de los omega 3, como de los omega 6 con la función cerebral, la insulina/diabetes, con la enfermedad cardiovascular, con procesos cancerígenos, osteoporosis, artritis, deficiencias vitamínicas y obesidad transgeneracional, entre otras. Uno de los factores clave en esos estudios es que la proporción de omega 6 a omega 3 no debe de inclinarse exageradamente en favor de los omega 6, sino más bien, permanecer en equilibrio.

En conclusión podemos ver la importancia de no permitir que nuestra ingesta de ácidos grasos omega 6 se dispare. Que, aunque estos sean esenciales, se deben mantener en equilibrio con los omega 3, de los que no disponemos en tanta abundancia si no vivimos en la costa y comemos pescado a menudo. Al mismo tiempo examinamos cómo la industria alimenticia ha complicado el asunto al suministrar tantos diferentes aceites vegetales que, aunque bajos en grasas saturadas, son altísimos en omega 6 y, por eso, son los mayores contribuyentes en causar un desequilibrio en esta proporción alimenticia tan importante.

A manera de nota marginal, el proceso de extraer y convertir estos aceites vegetales en productos apetecibles para el público, produce en ellos un sinfín de efectos negativos. Por ejemplo, muchos de estos aceites llegan rancios a los estantes de los supermercados, por lo que tienden más a la oxidación, lo que produce un efecto altamente negativo en el cuerpo e incide en la aterosclerosis, entre otras cosas. Además, durante el proceso a que son sometidos, por ejemplo para producir margarina “sin colesterol”, se genera otro tipo de grasas, llamadas trans, que también son altamente dañinas para la salud de nuestros cuerpos. De manera que, al final, sale peor el remedio que la enfermedad.

De manera que ¿qué aprendemos de estas tres combinaciones torcidas que se han vuelto tan comunes en el ámbito alimenticio moderno?

Yo diría que una de las lecciones principales es que, si queremos mantener la salud a largo plazo, lo que incluye mantener una figura esbelta y evitar muchos de los problemas comunes de la llamada civilización, es asegurarnos de que nuestra alimentación sea lo más cercana a la naturaleza posible. En otras palabras, verduras, vegetales, carnes sin procesar y si es posible de animales alimentados naturalmente, es decir, reses que han comido pasto, gallinas camperas que han comido piedras y gusanos y hierbas y mucho pescado si vivimos cerca del mar o de lagos. En cuanto a las grasas, apegarnos más a las naturales, es decir, las que podemos obtener sin mucho procesamiento como la manteca y otras grasas animales y vegetales y, las que por ser “antiguas” han comprobado que no son dañinas, como el aceite de oliva y el de coco.

Otra lección la obtenemos si le damos vuelta a la tortilla es que casi cada vez que el hombre opta por “mejorar” un producto natural y hacerlo más, ¿cómo diríamos? más económicamente viable para la distribución en masa, termina saliéndole el tiro por la culata, sacando un producto que, a la larga, causa más daño que beneficio para la salud. El problema en estos casos es que la mayor parte del público, debido a la comodidad, opta por consumir esos productos, ya sea porque se créen la propaganda presentada en los comerciales y anuncios, o porque dichos productos ahorran tiempo, o hacen más fácil el proceso de preparar una comida. Además, estos tienden a ser condimentados y contener ingredientes que saben bien.

Pensar un poquito más en nuestra alimentación y tomar las medidas apropiadas puede ayudarnos a evitar la tortura china de la vida y permitirnos no solo vivir más, sino disfrutar al máximo los años que vivamos, sean estos pocos o muchos.


Bibliografía

The importance of magnesium in the treatment of ectopic calcifications and ossifications

Soft tissue calcification treated with local and oral magnesium therapy

Potassium and Sodium guidelines

Understanding a high sodium/potassium ratio

Paleolithic Nutrition

Paleolithic Nutrition revisited

The importance of the omega-6/omega-3 fatty acid ratio in cardiovascular disease and other chronic diseases

El exceso de omega-6 y la insuficiencia de omega-3 favorecen la obesidad transgeneracional

Los ácidos grasos omega-3 y omega-6

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